Hoy vamos a responder a la pregunta: ¿escribir, de verdad sana algo?
James W. Pennebaker (1950–) es un psicólogo social y de la salud estadounidense conocido por sus investigaciones sobre el impacto psicológico y fisiológico de la expresión emocional a través del lenguaje, en particular mediante la escritura.
Es el creador del paradigma de escritura expresiva una intervención breve que consiste en escribir durante 15 a 20 minutos al día, por tres o cuatro días consecutivos, sobre experiencias emocionales profundas o traumáticas. El procedimiento se estructura en torno a dos indicaciones fundamentales:
· Escribir sobre hechos significativos o difíciles en la vida del participante.
· Explorar pensamientos y emociones asociadas a esos eventos, sin preocuparse por la gramática o la coherencia externa.
En sus experimentos pioneros, Pennebaker observó que los participantes que realizaban esta tarea mostraban, en comparación con grupos de control:
· Menor número de visitas médicas.
· Mejoras en parámetros inmunológicos.
· Reducción de síntomas físicos y psicológicos.
· Aumento de la coherencia narrativa en relatos posteriores.
Estos hallazgos fueron replicados y ampliados en distintas poblaciones, incluyendo estudiantes, veteranos de guerra, personas con duelo, pacientes con enfermedades crónicas, y sobrevivientes de violencia o trauma.
Cuando comenzó Té de Querer nosotras no sabíamos de la existencia de este señor, es más, lo descubrimos hace muy poco, sin embargo nuestras clases son la muestra de que, en verdad, escribir acerca de lo que te duele, enoja, frustra, etc., puede ser muy liberador y hasta sanador.
Escribir:
· No te vuelve un ser superior pero sí te quita mucho peso de encima y quien es feliz jode menos.
· Te permite ser más empática contigo y con los demás porque al contar tu historia y luego leerla descubres que no todo es sólo como tú lo sientes, la verdad siempre sale cuando te sueltas a escribirla.
· Te permite registrar las emociones y vivencias lo más cercano a como sucedieron, pues lo más probable es que con el tiempo olvides los detalles y pierdas la emoción.
· Es una fuga, un espacio seguro donde puedes decir cosas horribles sin que te juzguen y sin lastimar a otros.
· Te permite acomodar tus ideas, nombrar lo que, quizás, en voz alta no puedes, y resignificar lo que sucedió desde tus términos.
· Valida lo ocurrido tal y como tú lo recuerdas (seguramente los otros tienen versiones diferentes, que ellos las escriban).
Escribir no sustituye la terapia
Vale la pena decirlo explícitamente.
La escritura puede ser una herramienta poderosa, pero no reemplaza el acompañamiento profesional cuando existe un trauma profundo, una depresión o una crisis de salud mental.
De hecho, algunas personas descubren cosas dolorosas al escribir y necesitan ayuda para procesarlas.
No todo tiene que convertirse en literatura
Esto nos parece fundamental para Té de Querer.
Mucha gente se censura porque piensa:
“Esto está mal escrito.” “Esto no parece un cuento.” “Esto no sirve para publicar.” Y no.
A veces, una página llena de rabia es valiosa precisamente porque no es literatura. Existen textos que nacen para ser publicados y textos que nacen para ser vividos.
No tienes que compartir lo que escribes
Muchas personas sienten que si escriben algo íntimo deben enseñarlo. No. Algunos textos cumplen su función en el momento en que son escritos.
- Pueden quedarse en un cajón.
- Pueden romperse.
- Pueden quemarse.
- Pueden permanecer secretos.
La utilidad del texto no depende de que alguien más lo lea.
Escribir también sirve para descubrir alegrías
Sería interesante abrir la pregunta:
¿Por qué nos cuesta tanto registrar la felicidad?
Porque muchas personas utilizan la escritura únicamente como ambulancia emocional.
Entonces quizás valga la pena explorar:
- escribir gratitud sin caer en el positivismo tóxico,
- registrar momentos felices,
- documentar pequeñas alegrías,
- dejar constancia de quiénes fuimos cuando las cosas iban bien.
La memoria ya se encarga de conservar los traumas. Las alegrías suelen necesitar más ayuda.
Escribir te da control de la narrativa
Cuando algo doloroso ocurre, solemos sentir que perdemos el control.
Al escribir:
- eliges dónde empieza la historia,
- qué detalles importan,
- qué significado tiene,
- qué nombre reciben las cosas.
No cambias los hechos, pero recuperas parte de la narrativa.
Escribir no cambia lo que ocurrió. Cambia la relación que tenemos con lo que ocurrió. A veces eso es suficiente para respirar un poco mejor.
Si tienes muchas ganas de escribir pero no te animas, si te mandaron a escribir pero no sabes por dónde empezar, si ya escribes pero te gustaría compartir tus textos en un espacio amoroso y libre de juicios, tienes un lugar en Té de Querer.
Te esperamos.
