En Té de Querer no sólo encontré un lugar donde esconderme del cotidiano, sino también un grupo de personas que me hacen sentir seguro, un lugar cálido, lleno de letras e ideas en donde me divierto, aprendo un poco, luego un poco más con el mar de lecturas que no conocía. A veces también lloró, pero eso pasa cuando uno se encuentra con una parte de sí que había olvidado, o que no quería recordar que estaba consigo.
Fernando Castañeda